Ya salió el video de BBdM en TED, aquí está el link:
http://www.ted.com/index.php/talks/bruce_bueno_de_mesquita_predicts_iran_s_future.html
Después de haber trabajado en Iraq este semestre para el proyecto de Seminario de RI con Gerry Andrianopoulos, creo que tengo bastantes objeciones no para Bruce, pero si para la política exterior de EEUU en Medio Oriente.
1) Papa Bush dejó a Saddam después de la Guerra del Golfo (1991) ya que mantenía el balance de poder a favor de los aliados de EEUU, como Jordán, Arabia Saudita, e Israel. ¿Qué tenían en la cabeza Bush Jr. y los Neocons (Wolfowitz, Podhoretz, et al) pensando que podrían llegar a tener democracia en Iraq, sobre todo por que quitar a Saddam? Basic Fact: la demografía Iraquí ha tenido mucha más importancia hasta el momento (60% chiitas, 38% sunitas y kurdos).
2) Error dos, según Council on Foreign Relations, Irán usó su diplomacia para que se acordara una retirada gradual durante las negociaciones del State of Forces Agreement (SOFA), ya que tanto Iraq como Irán quieren que EEUU ya no tenga influencia en la región, esto es una meta a largo plazo. Error ya que después de este plazo, estará en manos de Iraq el mantener (legítimamente) las tropas.
3) Que quiere al-Maliki? Consolidar su poder y el de los chiitas ante los Kurdos y Sunitas, los “Sons of Iraq” (grupos paramilitares Suni y ex al-Qaeda’s pagados por EEUU) no están siendo integrados (del todo) a las fuerzas militares de Iraq, participación Suni en la política Iraquí? Es mínima y poco probable, y esto aterra a Arabia Saudita, Jordán y a Israel.
4) Fareed Zakaira, un autor Neoclásico (Realista) dice: “increased resources give rise to greater ambitions”, esto implica que los más natural en el caso que los chiitas consoliden su poder en Iraq (excluyendo a los Sunís y controlando la semi-autonomía de los Kurdos [quizás con el apoyo de Turquía]), lo natural ha de ser cortar el vínculo con EEUU y unirse más con Irán.
5) ¿Quién apoya a Irán? Rusia y China en el Consejo de Seguridad, ¿Relaciones económicas? Europa quiere gas, Alemania es el principal exportador de bienes manufacturados en el mundo (2006) y requieren gas. Rusia #1 en Gas, Irán #2; petróleo Irán #3. Rusia e Irán mantienen relaciones comerciales estables, es improbable que se de una cooperación entre Rusia y China en contra de Irán.
6) Obama está entre la espada y la pared (Cumplir su promesa de retirar tropas para el 2010-11 o perder la estabilidad de Iraq).
7) Linkage: El nuevo primer ministro de Israel, “Bibi” deberá mantener su belicismo bajo, ya que no está ayudando en la estabilización de Iraq ni de Afganistán. Las recientes declaraciones de Obama en Egipto confirman esto.
8) ¿Qué podría impedir que se llegue a la estabilidad de Iraq?, los Sunís están siendo excluidos del gobierno y las fuerzas de seguridad, indudablemente el pueblo Iraquí tiene una afinidad por Irán, y el status semiautónomo de los kurdos crea tensiones en toda la región.
9) ¿Qué pasará con la Política Exterior Norteamericana en Medio Oriente? El escenario a futuro es un tanto desolador, Obama pretende reforzar la Guerra en Afganistán (por guardar la imagen y credibilidad de EEUU ante el terrorismo), pero en el caso que Iraq se desestabilice de nuevo (y 50,000 tropas en mi opinión no han de ser suficientes), Estados Unidos tiene mucho a perder como el balance de poder en Medio Oriente ante Irán y Rusia.
10) Obama debería de poner más atención a lo que está haciendo en Iraq, el problema es que una vez que se retiren las tropas ya no podrán volver, y no creo que Bagdad acepte por más tiempo la presencia de Estados Unidos. Esto tiene implicaciones sobre Irán, sobre todo, ya que cuando Estados Unidos salga de Iraq, Irán tendrá una mejor posición para negociar.
11) En definitiva, sólo hay tres cosas que son seguras: a) Estados Unidos está perdiendo su influencia sobre Iraq; b) esto ha de darle una mejor posición de negociación tanto a Irán como a Rusia.
¿En que se relaciona esto con Bruce Bueno de Mesquita? Hasta él mismo reconoce que sus predicciones pueden tener un efecto sobre las decisiones de los líderes de un país. Por ende, resulta imposible descartar este tipo de investigaciones cómo un arma de Softpower por parte de Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de que Bruce tenga razón en que Irán este usando la retórica de un arma nuclear para mejorar su posición de negociación, resulta imposible negar que por su parte Estados Unidos también tiene que encontrar una forma para perpetuar su influencia en la región, ya que en los últimos años el balance de poder en Medio Oriente se ha tornado en su contra.
No existe mucho grado de acción para Obama, la opinión pública, la recesión, todas las complicaciones de una guerra larga lo invitan a ceder.
Quizás lo mejor sería restablecer relaciones con Irán, y en ese caso, nadie, ni siquiera Bruce, puede predecir con exactitud si en las presentes negociaciones con Irán se estén abordando suficientes concesiones e intereses en común para que se dé una relación positiva entre ambos países. Algo es cierto, tanto la economía de Irán tras las sanciones y su mal manejo, como la presente recesión en Estados Unidos y lo amargo que resulta una guerra tan larga y el desempleo hace que una tregua resulte la opción más interesante relativamente.
sábado, 16 de mayo de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Cartas sobre la mesa: Retos y oportunidades en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán
Uno de los retos más grandes para el presidente Barack Hussein Obama será la formulación de una política exterior efectiva dirigida a la República Islámica de Irán. Durante la pasada campaña electoral, Obama prometió llevar una diplomacia presidencial dura y directa con Irán, además de cambiar la antigua posición de Estados Unidos al no exigir prerrequisitos durante las próximas negociaciones. Las cuestiones de interés tanto para Estados Unidos como para Irán son variadas, como lo es el restablecimiento de relaciones diplomáticas, la cuestión nuclear, la estabilización de Irak y el estatus regional de Irán.
Las relaciones entre ambos países han sido hostiles desde hace mucho tiempo, sobre todo en una región fuertemente marcada por la intervención extranjera. En Irán, dichas intrusiones habrían de culminar con la operación encubierta de la CIA y el Servicio de Inteligencia Secreto Británico en 1953 para la deposición de un Primer Ministro electo democráticamente, Mosadegh, tras las incursiones del mismo en la nacionalización del petróleo iraní. Esta intervención no sólo haría de Irán un fuerte aliado de Occidente (tras devolverle el poder absoluto al Shah de Irán), sino que también lo convertiría en una considerable potencia regional y por si fuera poco se daría inicio al programa nuclear iraní respaldado por el protocolo norteamericano de “Átomos para la Paz”. Las políticas de represión del Shah, además de su notable sustento por fuerzas extranjeras, fueron altamente impopulares como lo demuestra el triunfo de la revolución islámica de 1979 y la erección de la República Islámica de Irán, encabezada por el Ayatolá Khomeini quien se convertiría en el Líder Supremo de Irán.
Gran parte del resentimiento estadounidense contra Irán se remonta a la traumática experiencia de la crisis de los rehenes en 1979, que terminaría con la liberación de los mismos tras una serie de contactos entre ambas naciones y culminando con la firma del Tratado de Argelia de 1981; este tratado comprometía a Estados Unidos a no entrometerse en los asuntos internos de Irán. El incidente de la embajada americana habría de tener fuertes repercusiones a futuro para Irán, como lo fue el rompimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 1980 y la imposición de sanciones económicas al comercio iraní.
La expansión de la revolución islámica iraní, un movimiento religioso chiíta, fue una preocupación de seguridad nacional para los países vecinos con regímenes sunitas (Iraq y particularmente el aliado de Estados Unidos, Arabia Saudita). Poco después de la revolución, Irán entraría en una larga y desgastante guerra con Irak que duraría toda la década de los ochenta, en la cual se recurrió a la táctica de enviar niños a limpiar campos minados tras darles una llave de plástico con la supuesta promesa de una entrada asegurada al cielo. Por su parte Arabia Saudita, un país cuyo régimen depende directamente de la protección estadounidense para resguardar sus fronteras nacionales, encontraría estratégico el sustento de Saddam Hussein para contener a Irán.
No obstante, el balance de poder en la región cambió tras los ataques del 11 de septiembre del 2001, fecha a partir de la cual Estados Unidos llevaría una guerra “preventiva” en Afganistán que buscaba, entre otras cosas: la caída del régimen talibán, la captura de Osama bin Laden y finalmente la desintegración de al-Qaeda. Poco después, en el 2003, una fuerza multinacional compuesta principalmente por Estados Unidos y Gran Bretaña arremetería contra Irak por los cargos de posesión de Armas de Destrucción Masiva, esta invasión concluiría con la caída del régimen Sunita iraquí tras la captura de Saddam Hussein. Con relación a Irán, la guerra en Afganistán y la caída de Saddam crearán un vacío de poder que ha permitido a Irán a tomar un rol más significativo en la región.
Al considerar la situación actual en Irak, Obama debe de tener muy presente que para lograr la seguridad duradera en ese país, un plan íntegro de estabilización deberá forzosamente considerar a Irán. En tiempos de Saddam Hussein un régimen minoritario Sunni gobernaba a una nación dónde más del 60% de la población es practicante de la religión chiita, al igual que Irán. Este hecho manifiesta que para lograr la estabilidad en Irak será necesaria ya sea la cooperación de Irán o su total exclusión en los asuntos internos del país, esto última opción resulta poco probable.
La imagen que se muestra de Irán ante los medios de comunicación internacionales desconoce la continuidad pragmática que ha mostrado el régimen Iraní a través del tiempo. Como Hinnesbusch y Ehteshami lo proponen en su libro “La Política Exterior de los Estados de Medio Oriente” (2002) Teherán ha mostrado un comportamiento racional en relación a su política exterior, esto a pesar de que el régimen nunca ha dejado de representar una ferviente reactividad religiosa.
En el año de 2007, Lionel Beehner del Council on Foreign Relations publicó una lista de los contactos que se han llevado entre Irán y Estados Unidos a pesar de no contarse públicamente con relaciones diplomáticas: 1) Durante el escándalo Irán-Contra (1985-1986) con Reagan tras la presidencia, Estados Unidos acordaría el envío de armas a través de Israel que cambiaría la balanza durante la guerra contra de Irak; 2) en 1998 el presidente electo reformista, Mohammed Khatami, habría de exhortar al mundo a un “diálogo entre civilizaciones”, esta acción habría de dar nuevas esperanzas para mejorar las relaciones con Occidente y sobre todo Estados Unidos; 3) en el año 2000 la Secretaria de Estado Madeleine Albright dio un discurso en el cual se reconocía que el golpe de Estado de 1953 fue claramente un revés al camino democrático que había tomado el país; 4) en 2001, el Ayatolá Khamenei condenó los ataques del 11 de septiembre, además Irán acordaría el bloqueo de la frontera con Afganistán y la repatriación de los refugiados y posibles terroristas. De esta lista resulta notorio que existe una racionalidad continua de los altos mandos iraníes hacía Occidente, además históricamente las relaciones entre ambos países no han sido siempre del todo tensas ni mucho menos imposibilitadas.
Sin embargo, las relaciones entre Irán y Estados Unidos llegarían a su punto más álgido, cuando el pasado presidente George W. Bush incluyó a Irán como un miembro más del “Eje del Mal”, así dando inicio a una fuerte retórica en contra de Irán y su régimen. Este hecho marcaba el inicio de una nueva política exterior estadounidense, que no lograría más que nutrir el sentimiento antiamericano en Irán, favoreciendo a la derrota de las facciones reformistas que habían buscado tanto una sana relación con occidente como el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos. Parecería ser increíble, pero entre más se ha alejado Estados Unidos de Irán, la retórica fundamentalista se vuelve cada vez más presente al interior del país.
En lo que corresponde a la presente relación estadounidense con Irán, el tema que ha de robarle el sueño a Obama durante los primeros años de su término es sin duda la posibilidad de que Irán logre la creación de un artefacto nuclear en la presente década. En el 2007, el Consejo de Inteligencia Nacional (NIC) reportó que es posible que Irán tenga suficiente combustible para la creación de un artefacto de destrucción masiva entre el año 2010 y 2015. La necesidad del régimen Iraní para lograr dicho artefacto es comprensible al saber que países cercanos como China, India, Israel, Pakistán, Rusia y Turquía (a través de la OTAN) ya cuentan con acceso a dichas capacidades destructivas. Más que todo, el desarrollo de un arma nuclear debe de ser visto por el régimen Iraní como una forma de disuasión en contra de cualquier agresión externa, además que esto podría aumentar su capacidad de negociación ante las demás potencias nucleares.
En el presente, Irán no representa una amenaza directa para Estados Unidos ya que su régimen no ha logrado la creación de un Mísil Balístico Intercontinental (ICBM). Asimismo, las capacidades militares y armamentistas del país que ostenta más del 60% del gasto militar mundial podrían llevar a la erradicación del mapa de Irán tras cualquier mínima amenaza que se materialice en suelo norteamericano. Sin embargo, es necesario reconocer a Irán por lo que representa: una amenaza directa para los intereses de Estados Unidos en la región y sus aliados (Israel y Arabia Saudita).
La tensión por parte de Israel sería crítica a finales del año pasado cuando el régimen israelí consideraría llevar un ataque quirúrgico a las instalaciones nucleares de Irán, una táctica que habría sido exitosa en 1981 para la eliminación del reactor nuclear iraquí en Osirak. Sin embargo, la posibilidad de que una operación de este tipo resulte exitosa, especialmente en el caso de las instalaciones nucleares iraníes, es inmensamente limitada. Hasta la fecha, los servicios de inteligencia han resultado insuficientes para determinar cuántos complejos nucleares han de existir en un país que abarca más de 1.6 millones de km2. Por si fuera poco, los complejos nucleares conocidos como Arak, Bushehr, Isfahán y Natanz se encuentran en bunkers bajo tierra y/o respaldados por sistemas antiaéreos que han sido proporcionados por Rusia. Cualquier ofensiva israelí encaminada a poner alto al programa nuclear iraní no podría ser lograda sin el apoyo de Estados Unidos, y aun así las posibilidades de éxito son reducidas.
La estrategia que ha llevado Estados Unidos en los últimos años para impedir que Irán siga incursionando en el desarrollo de tecnología nuclear ha incluido una serie de sanciones al comercio, así evitando la entrada de productos tecnológicos al país y estableciendo restricciones a la venta mundial de petróleo. Sin embargo, las sanciones han hecho poco para evitar las intenciones de Teherán en el desarrollo de sus capacidades nucleares, paralelamente, Irán requiere de energía nuclear para satisfacer sus necesidades energéticas civiles e industriales.
Los pasados intentos de aumentar las sanciones en contra de Irán a través del Consejo de Seguridad de la ONU han resultado en vano ya que tanto Rusia como China han utilizado su poder de veto para impedir el aumento de las mismas. El respaldo de ambos países para Irán tiene sus fundamentos en alianzas tanto económicas como estratégicas, Rusia es un proveedor principal armamento y de tecnología nuclear para Irán, en cambio, con China existe una fuerte relación económica donde el petróleo tiene una singular preeminencia.
En las pasadas pláticas para la desnuclearización de Irán, Rusia había puesto en la mesa de negociaciones la posibilidad de eliminar el enriquecimiento de uranio dentro de Irán y en convertirse el principal proveedor de combustible nuclear para sus reactores. Sin embargo, ningún país está dispuesto a depender totalmente de un tercero, ni mucho menos cuando se trata del abastecimiento interno de energía para el país.
Tomando en cuenta la importancia geopolítica del país, Irán es crucial para el abastecimiento de energéticos para China y la Unión Europea. La información actual de reservas mundiales de hidrocarburos muestra que Irán posee respectivamente el tercer lugar mundial en reservas probadas de petróleo y el segundo nivel mundial en reservas probadas de gas natural (CIA Factbook, 2009). Inclusive países europeos se han visto ante la espada y la pared al verse obligados a decidir entre aumentar las sanciones económicas exigidas por Estados Unidos o al mantenimiento de relaciones sanas con un importante socio comercial y abastecedor de energéticos a futuro.
Es por eso que para Obama, mucho antes que reafirmar los lazos que ya están asegurados con Gran Bretaña, Alemania, Francia y Japón, resulta más sensato acordar directamente con China y Rusia la posibilidad de mejorar las relaciones con Irán. Esta es una tarea delicada, sobre todo con las pasadas tensiones desarrolladas tras la incursión militar rusa en Abjasia y Osetia del Sur. Dicha incursión habría de cuestionar la pertinencia de una posible expansión de la OTAN, incluyendo así a Georgia y Ucrania, con la finalidad de contener a Moscú. Últimamente esta opción ha pasado a un segundo grado para evitar roces con Rusia que podrían poner en riesgo tanto el suministro de gas en la región y Europa, además como empeorar el ambiente de negociaciones con Irán. En cambio para China el ambiente puede ser más favorable, ya que la normalización de las relaciones entre Estados Unidos e Irán resultaría favorable para que China afiance sus lazos económicos ya existentes con Irán y así se garanticen precios más bajos de petróleo a futuro.
Lo más lógico y recomendable para Obama es que las negociaciones con Irán se den lo más pronto posible ya que la actual crisis financiera mundial ha mantenido abajo la demanda mundial de petróleo, lo cual pone al régimen iraní en una posición más propicia para entablar negociones debido a que el país no ha de tener los ingresos deseados para financiar el gasto gubernamental. Sin embargo, nada garantiza que la tendencia de precios bajos de petróleo no haya de revertirse en un futuro, sobre todo cuando las economías mundiales comiencen a recuperarse y una nueva demanda de hidrocarburos dispare de nuevo los precios del petróleo.
Un hecho que ha de mantener presente la atención del mundo en Irán ha de ser las próximas elecciones presidenciales que se llevaran a cabo el 12 de Junio del presente año. Hasta la fecha los únicos candidatos confirmados son los reformistas Mohammed Khatami (presidente de Irán 1997-2005) y Mehdi Karroubi (Presidente del Parlamento Iraní 2000-2004), en cambio por parte de los conservadores se espera que el actual presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, no tarde en anunciar su candidatura para un posible segundo término tras la presidencia. Históricamente la facción reformista ha sido la principal promotora del acercamiento entre Irán y occidente, al igual ellos han sido los promotores de una solución pacífica entre Palestina e Israel que incluya la creación de dos Estados. En cambio, Ahmadinejad y las facciones conservadoras se han valido de una fuerte retórica en contra Estados Unidos e Israel y de políticas populistas para ganar el apoyo incondicional de las masas. En la presente carrera presidencial serán varias las cuestiones que han de tomar un peso importante para el resultado de las elecciones: primeramente, a favor de los reformistas se ha considerado que las políticas descontroladas de Ahmadinejad son la causa de la fuerte inflación y el desempleo rampante que se viven dentro del país. En cambio, la pasada intervención de Israel en Gaza y las declaraciones que ha hecho Obama a favor de Israel han resultado en el fortalecimiento de las facciones fundamentalistas dentro de Irán, las cuales han de optar indudablemente por la reelección de Ahmadinejad.
Pero no hay que engañarnos cuando se trata de política exterior en Irán, a pesar del desconocimiento de muchos (particularmente John McCain en las pasadas elecciones presidenciales), el Presidente de Irán no es el hombre más poderoso dentro del país. Según lo establece la Constitución de la República Islámica de Irán, son el Líder Supremo, Ali Khamenei, y el Consejo de Guardianes, los protectores máximos de los ideales de la Revolución Islámica. Esto implica que tanto Khamenei como el Consejo de Guardines tengan poder máximo de veto durante la formulación de la política exterior iraní, al igual cualquier tipo de contacto con Estados Unidos queda bajo el comando directo de esta institución.
Tras comprender la dinámica de poder dentro del sistema de gobierno iraní, Obama deberá comprender que no es fundamental esperar hasta que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en Irán para comenzar un restablecimiento gradual de las relaciones entre ambos países. Si Irán ha de tener un presidente conservador o uno reformista no cambiará gran cosa, el Presidente de los Estados Unidos deberá fijar siempre su mira hacia el Líder Supremo Khamenei y el pueblo iraní.
Obama ahora no tiene tan solo en sus manos una gran oportunidad para un nuevo acercamiento con Irán, sino que dependerá de él que el mundo entero le otorgue una merecida segunda oportunidad al pueblo iraní.
Las relaciones entre ambos países han sido hostiles desde hace mucho tiempo, sobre todo en una región fuertemente marcada por la intervención extranjera. En Irán, dichas intrusiones habrían de culminar con la operación encubierta de la CIA y el Servicio de Inteligencia Secreto Británico en 1953 para la deposición de un Primer Ministro electo democráticamente, Mosadegh, tras las incursiones del mismo en la nacionalización del petróleo iraní. Esta intervención no sólo haría de Irán un fuerte aliado de Occidente (tras devolverle el poder absoluto al Shah de Irán), sino que también lo convertiría en una considerable potencia regional y por si fuera poco se daría inicio al programa nuclear iraní respaldado por el protocolo norteamericano de “Átomos para la Paz”. Las políticas de represión del Shah, además de su notable sustento por fuerzas extranjeras, fueron altamente impopulares como lo demuestra el triunfo de la revolución islámica de 1979 y la erección de la República Islámica de Irán, encabezada por el Ayatolá Khomeini quien se convertiría en el Líder Supremo de Irán.
Gran parte del resentimiento estadounidense contra Irán se remonta a la traumática experiencia de la crisis de los rehenes en 1979, que terminaría con la liberación de los mismos tras una serie de contactos entre ambas naciones y culminando con la firma del Tratado de Argelia de 1981; este tratado comprometía a Estados Unidos a no entrometerse en los asuntos internos de Irán. El incidente de la embajada americana habría de tener fuertes repercusiones a futuro para Irán, como lo fue el rompimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 1980 y la imposición de sanciones económicas al comercio iraní.
La expansión de la revolución islámica iraní, un movimiento religioso chiíta, fue una preocupación de seguridad nacional para los países vecinos con regímenes sunitas (Iraq y particularmente el aliado de Estados Unidos, Arabia Saudita). Poco después de la revolución, Irán entraría en una larga y desgastante guerra con Irak que duraría toda la década de los ochenta, en la cual se recurrió a la táctica de enviar niños a limpiar campos minados tras darles una llave de plástico con la supuesta promesa de una entrada asegurada al cielo. Por su parte Arabia Saudita, un país cuyo régimen depende directamente de la protección estadounidense para resguardar sus fronteras nacionales, encontraría estratégico el sustento de Saddam Hussein para contener a Irán.
No obstante, el balance de poder en la región cambió tras los ataques del 11 de septiembre del 2001, fecha a partir de la cual Estados Unidos llevaría una guerra “preventiva” en Afganistán que buscaba, entre otras cosas: la caída del régimen talibán, la captura de Osama bin Laden y finalmente la desintegración de al-Qaeda. Poco después, en el 2003, una fuerza multinacional compuesta principalmente por Estados Unidos y Gran Bretaña arremetería contra Irak por los cargos de posesión de Armas de Destrucción Masiva, esta invasión concluiría con la caída del régimen Sunita iraquí tras la captura de Saddam Hussein. Con relación a Irán, la guerra en Afganistán y la caída de Saddam crearán un vacío de poder que ha permitido a Irán a tomar un rol más significativo en la región.
Al considerar la situación actual en Irak, Obama debe de tener muy presente que para lograr la seguridad duradera en ese país, un plan íntegro de estabilización deberá forzosamente considerar a Irán. En tiempos de Saddam Hussein un régimen minoritario Sunni gobernaba a una nación dónde más del 60% de la población es practicante de la religión chiita, al igual que Irán. Este hecho manifiesta que para lograr la estabilidad en Irak será necesaria ya sea la cooperación de Irán o su total exclusión en los asuntos internos del país, esto última opción resulta poco probable.
La imagen que se muestra de Irán ante los medios de comunicación internacionales desconoce la continuidad pragmática que ha mostrado el régimen Iraní a través del tiempo. Como Hinnesbusch y Ehteshami lo proponen en su libro “La Política Exterior de los Estados de Medio Oriente” (2002) Teherán ha mostrado un comportamiento racional en relación a su política exterior, esto a pesar de que el régimen nunca ha dejado de representar una ferviente reactividad religiosa.
En el año de 2007, Lionel Beehner del Council on Foreign Relations publicó una lista de los contactos que se han llevado entre Irán y Estados Unidos a pesar de no contarse públicamente con relaciones diplomáticas: 1) Durante el escándalo Irán-Contra (1985-1986) con Reagan tras la presidencia, Estados Unidos acordaría el envío de armas a través de Israel que cambiaría la balanza durante la guerra contra de Irak; 2) en 1998 el presidente electo reformista, Mohammed Khatami, habría de exhortar al mundo a un “diálogo entre civilizaciones”, esta acción habría de dar nuevas esperanzas para mejorar las relaciones con Occidente y sobre todo Estados Unidos; 3) en el año 2000 la Secretaria de Estado Madeleine Albright dio un discurso en el cual se reconocía que el golpe de Estado de 1953 fue claramente un revés al camino democrático que había tomado el país; 4) en 2001, el Ayatolá Khamenei condenó los ataques del 11 de septiembre, además Irán acordaría el bloqueo de la frontera con Afganistán y la repatriación de los refugiados y posibles terroristas. De esta lista resulta notorio que existe una racionalidad continua de los altos mandos iraníes hacía Occidente, además históricamente las relaciones entre ambos países no han sido siempre del todo tensas ni mucho menos imposibilitadas.
Sin embargo, las relaciones entre Irán y Estados Unidos llegarían a su punto más álgido, cuando el pasado presidente George W. Bush incluyó a Irán como un miembro más del “Eje del Mal”, así dando inicio a una fuerte retórica en contra de Irán y su régimen. Este hecho marcaba el inicio de una nueva política exterior estadounidense, que no lograría más que nutrir el sentimiento antiamericano en Irán, favoreciendo a la derrota de las facciones reformistas que habían buscado tanto una sana relación con occidente como el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos. Parecería ser increíble, pero entre más se ha alejado Estados Unidos de Irán, la retórica fundamentalista se vuelve cada vez más presente al interior del país.
En lo que corresponde a la presente relación estadounidense con Irán, el tema que ha de robarle el sueño a Obama durante los primeros años de su término es sin duda la posibilidad de que Irán logre la creación de un artefacto nuclear en la presente década. En el 2007, el Consejo de Inteligencia Nacional (NIC) reportó que es posible que Irán tenga suficiente combustible para la creación de un artefacto de destrucción masiva entre el año 2010 y 2015. La necesidad del régimen Iraní para lograr dicho artefacto es comprensible al saber que países cercanos como China, India, Israel, Pakistán, Rusia y Turquía (a través de la OTAN) ya cuentan con acceso a dichas capacidades destructivas. Más que todo, el desarrollo de un arma nuclear debe de ser visto por el régimen Iraní como una forma de disuasión en contra de cualquier agresión externa, además que esto podría aumentar su capacidad de negociación ante las demás potencias nucleares.
En el presente, Irán no representa una amenaza directa para Estados Unidos ya que su régimen no ha logrado la creación de un Mísil Balístico Intercontinental (ICBM). Asimismo, las capacidades militares y armamentistas del país que ostenta más del 60% del gasto militar mundial podrían llevar a la erradicación del mapa de Irán tras cualquier mínima amenaza que se materialice en suelo norteamericano. Sin embargo, es necesario reconocer a Irán por lo que representa: una amenaza directa para los intereses de Estados Unidos en la región y sus aliados (Israel y Arabia Saudita).
La tensión por parte de Israel sería crítica a finales del año pasado cuando el régimen israelí consideraría llevar un ataque quirúrgico a las instalaciones nucleares de Irán, una táctica que habría sido exitosa en 1981 para la eliminación del reactor nuclear iraquí en Osirak. Sin embargo, la posibilidad de que una operación de este tipo resulte exitosa, especialmente en el caso de las instalaciones nucleares iraníes, es inmensamente limitada. Hasta la fecha, los servicios de inteligencia han resultado insuficientes para determinar cuántos complejos nucleares han de existir en un país que abarca más de 1.6 millones de km2. Por si fuera poco, los complejos nucleares conocidos como Arak, Bushehr, Isfahán y Natanz se encuentran en bunkers bajo tierra y/o respaldados por sistemas antiaéreos que han sido proporcionados por Rusia. Cualquier ofensiva israelí encaminada a poner alto al programa nuclear iraní no podría ser lograda sin el apoyo de Estados Unidos, y aun así las posibilidades de éxito son reducidas.
La estrategia que ha llevado Estados Unidos en los últimos años para impedir que Irán siga incursionando en el desarrollo de tecnología nuclear ha incluido una serie de sanciones al comercio, así evitando la entrada de productos tecnológicos al país y estableciendo restricciones a la venta mundial de petróleo. Sin embargo, las sanciones han hecho poco para evitar las intenciones de Teherán en el desarrollo de sus capacidades nucleares, paralelamente, Irán requiere de energía nuclear para satisfacer sus necesidades energéticas civiles e industriales.
Los pasados intentos de aumentar las sanciones en contra de Irán a través del Consejo de Seguridad de la ONU han resultado en vano ya que tanto Rusia como China han utilizado su poder de veto para impedir el aumento de las mismas. El respaldo de ambos países para Irán tiene sus fundamentos en alianzas tanto económicas como estratégicas, Rusia es un proveedor principal armamento y de tecnología nuclear para Irán, en cambio, con China existe una fuerte relación económica donde el petróleo tiene una singular preeminencia.
En las pasadas pláticas para la desnuclearización de Irán, Rusia había puesto en la mesa de negociaciones la posibilidad de eliminar el enriquecimiento de uranio dentro de Irán y en convertirse el principal proveedor de combustible nuclear para sus reactores. Sin embargo, ningún país está dispuesto a depender totalmente de un tercero, ni mucho menos cuando se trata del abastecimiento interno de energía para el país.
Tomando en cuenta la importancia geopolítica del país, Irán es crucial para el abastecimiento de energéticos para China y la Unión Europea. La información actual de reservas mundiales de hidrocarburos muestra que Irán posee respectivamente el tercer lugar mundial en reservas probadas de petróleo y el segundo nivel mundial en reservas probadas de gas natural (CIA Factbook, 2009). Inclusive países europeos se han visto ante la espada y la pared al verse obligados a decidir entre aumentar las sanciones económicas exigidas por Estados Unidos o al mantenimiento de relaciones sanas con un importante socio comercial y abastecedor de energéticos a futuro.
Es por eso que para Obama, mucho antes que reafirmar los lazos que ya están asegurados con Gran Bretaña, Alemania, Francia y Japón, resulta más sensato acordar directamente con China y Rusia la posibilidad de mejorar las relaciones con Irán. Esta es una tarea delicada, sobre todo con las pasadas tensiones desarrolladas tras la incursión militar rusa en Abjasia y Osetia del Sur. Dicha incursión habría de cuestionar la pertinencia de una posible expansión de la OTAN, incluyendo así a Georgia y Ucrania, con la finalidad de contener a Moscú. Últimamente esta opción ha pasado a un segundo grado para evitar roces con Rusia que podrían poner en riesgo tanto el suministro de gas en la región y Europa, además como empeorar el ambiente de negociaciones con Irán. En cambio para China el ambiente puede ser más favorable, ya que la normalización de las relaciones entre Estados Unidos e Irán resultaría favorable para que China afiance sus lazos económicos ya existentes con Irán y así se garanticen precios más bajos de petróleo a futuro.
Lo más lógico y recomendable para Obama es que las negociaciones con Irán se den lo más pronto posible ya que la actual crisis financiera mundial ha mantenido abajo la demanda mundial de petróleo, lo cual pone al régimen iraní en una posición más propicia para entablar negociones debido a que el país no ha de tener los ingresos deseados para financiar el gasto gubernamental. Sin embargo, nada garantiza que la tendencia de precios bajos de petróleo no haya de revertirse en un futuro, sobre todo cuando las economías mundiales comiencen a recuperarse y una nueva demanda de hidrocarburos dispare de nuevo los precios del petróleo.
Un hecho que ha de mantener presente la atención del mundo en Irán ha de ser las próximas elecciones presidenciales que se llevaran a cabo el 12 de Junio del presente año. Hasta la fecha los únicos candidatos confirmados son los reformistas Mohammed Khatami (presidente de Irán 1997-2005) y Mehdi Karroubi (Presidente del Parlamento Iraní 2000-2004), en cambio por parte de los conservadores se espera que el actual presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, no tarde en anunciar su candidatura para un posible segundo término tras la presidencia. Históricamente la facción reformista ha sido la principal promotora del acercamiento entre Irán y occidente, al igual ellos han sido los promotores de una solución pacífica entre Palestina e Israel que incluya la creación de dos Estados. En cambio, Ahmadinejad y las facciones conservadoras se han valido de una fuerte retórica en contra Estados Unidos e Israel y de políticas populistas para ganar el apoyo incondicional de las masas. En la presente carrera presidencial serán varias las cuestiones que han de tomar un peso importante para el resultado de las elecciones: primeramente, a favor de los reformistas se ha considerado que las políticas descontroladas de Ahmadinejad son la causa de la fuerte inflación y el desempleo rampante que se viven dentro del país. En cambio, la pasada intervención de Israel en Gaza y las declaraciones que ha hecho Obama a favor de Israel han resultado en el fortalecimiento de las facciones fundamentalistas dentro de Irán, las cuales han de optar indudablemente por la reelección de Ahmadinejad.
Pero no hay que engañarnos cuando se trata de política exterior en Irán, a pesar del desconocimiento de muchos (particularmente John McCain en las pasadas elecciones presidenciales), el Presidente de Irán no es el hombre más poderoso dentro del país. Según lo establece la Constitución de la República Islámica de Irán, son el Líder Supremo, Ali Khamenei, y el Consejo de Guardianes, los protectores máximos de los ideales de la Revolución Islámica. Esto implica que tanto Khamenei como el Consejo de Guardines tengan poder máximo de veto durante la formulación de la política exterior iraní, al igual cualquier tipo de contacto con Estados Unidos queda bajo el comando directo de esta institución.
Tras comprender la dinámica de poder dentro del sistema de gobierno iraní, Obama deberá comprender que no es fundamental esperar hasta que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en Irán para comenzar un restablecimiento gradual de las relaciones entre ambos países. Si Irán ha de tener un presidente conservador o uno reformista no cambiará gran cosa, el Presidente de los Estados Unidos deberá fijar siempre su mira hacia el Líder Supremo Khamenei y el pueblo iraní.
Obama ahora no tiene tan solo en sus manos una gran oportunidad para un nuevo acercamiento con Irán, sino que dependerá de él que el mundo entero le otorgue una merecida segunda oportunidad al pueblo iraní.
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